Lectura y escritura
exploratoria.
“El cerebro adicto”
(Del artículo de Verónica Guerrero Mothelet)
Introducción:
El tema de las adicciones cada vez cobra mayor
importancia en la sociedad de nuestros días, ya que hasta hace algunos años,
éstas se consideraban un problema moral, pero hoy se reconocen como
enfermedades y de hecho existe forma de tratarlas. Por esta razón, es menester,
mediante una adecuada terapéutica, incrementar la calidad y la duración de la
vida de la persona adicta, aunque la cura definitiva no sea posible alcanzarla.
Desarrollo:
Por los años 30s, la adicción era considerada un problema
moral y no de salud, por lo que las acciones ejercidas hacia la persona adicta,
eran tendientes al castigo y no a la prevención o la terapia. Gracias al trabajo
de investigadores reconocidos, entre ellos la doctora Nora Wolkow, directora
del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos (NIDA, por
sus siglas en inglés), quien concluyó que la adicción se considera hoy una
enfermedad del cerebro porque las drogas modifican la química, la estructura y
el funcionamiento de éste órgano. (Citada en entrevista a la doctora María
Elena Medina Mora Icaza, directora del Instituto Nacional de Psiquiatría “Ramón
De La Fuente Muñiz”). Otro científico de la salud de la Oficina de Políticas
Científicas del NIDA, el doctor Rubén Baler, afirma que “la adicción es una
enfermedad que progresa por etapas”, siendo la primera, la utilización de
sustancias para alcanzar la euforia que éstas brindan, de ahí, el cerebro
comienza a adaptarse a dicha sustancia y aparecen los primeros signos de
adicción como consumirla de manera regular, imposibilidad de dejarla, gastar en
ella más de lo que se tiene, robar incluso, y sentir que se necesita para
funcionar cotidianamente.
El abuso de las drogas altera algunas zonas del cerebro,
como el tallo, que controla el ritmo cardiaco, la respiración y el sueño; la
corteza, que procesa la información sensorial y nos permite pensar, planear,
resolver problemas y tomar decisiones, y el sistema límbico, donde se aloja el
llamado circuito de recompensa del cerebro, el cual motiva al ser humano a
repetir conductas necesarias para la supervivencia y la reproducción, como
alimentarse y tener sexo. Las drogas obstaculizan el sistema de comunicación
cerebral, alterando grandemente la función de los neurotransmisores (sustancias
químicas que llevan los mensajes entre las neuronas). En su mayoría, las drogas
afectan la actividad del neurotransmisor llamado dopamina, el cual tiene un
efecto fundamental en las sensaciones de placer, por lo que “producen una
activación mucho mayor de la que ocurre en las situaciones naturales de
recompensa”, según lo explica la doctora Medina Mora, haciendo que el cerebro
pierda la capacidad de sentir placer por las recompensas naturales, ya que “se
acostumbra rápidamente a las dosis masivas” de dopamina que se producen
mediante el consumo de drogas, y cuando falta la droga, el cerebro ya no cuenta
con la dopamina suficiente y el individuo deja de disfrutar cosas naturalmente
placenteras, lo que le conduce a la apatía y a la depresión y la necesidad de
usar más y más droga hasta desarrollar la tolerancia a ésta, según lo afirma el
doctor Baler. Otro neurotransmisor afectado es el glutamato, que actúa tanto en
el circuito de recompensa como en la capacidad de aprender, dañándose la
función cognitiva. Las drogas provocan condicionamiento, por lo tanto, un deseo
incontrolable de consumirla bajo factores ambientales asociados, y es tan
fuerte, que la adicción puede resurgir incluso tras muchos años de abstinencia.
Asimismo, en la propensión a las adicciones, el factor
genético ocupa un 40 a 60% del riesgo total. El resto lo ocupan los factores
ambientales, sociales, culturales, dietéticos. Por lo que, la manifestación de
un comportamiento adictivo depende tanto de lo genético como del entorno.
La adolescencia es un factor de riesgo para el desarrollo
de adicciones, ya que el adolescente regularmente toma decisiones basadas en
emociones y no en el juicio o el raciocinio; además de ser una época en la que
se están desarrollando todas las conexiones, por lo que exponer al cerebro a
las drogas en estas edades, tiene consecuencias mucho más dañinas, por lo que
se debe trabajar en políticas públicas que ayuden a proteger a los adolescentes
(Dra. Medina Mora); y esto de los usos medicinales de la marihuana, realmente
confunde aún más a los jóvenes.
Otra adicción importante es aquella donde no hay
sustancias, sin embargo, los mecanismos cerebrales que participan en la
adicción a las drogas, se hacen presentes en la compulsión, como en el comer,
la adicción al sexo o a los juegos de azar, que podrían tener relación con los
desequilibrios de la dopamina u otros neurotransmisores, aunque en principio,
estas conductas no se consideren adictivas.
Un grupo más de riesgo lo forman las personas que tienen
un padecimiento mental como bipolaridad o esquizofrenia. Esto lo ilustra la
doctora Medina Mora con el caso de un niño con problemas de ansiedad desde los
7 años; si el niño llega a la edad adulta sin toparse con drogas o alcohol,
probablemente para entonces su problema esté resuelto, más si en la
adolescencia observa que el alcohol reduce su ansiedad, confundirá ese efecto
con la solución a sus problemas y tendrá más riesgo de desarrollar dependencia,
y de adulto, además una adicción, seguirá con la ansiedad.
Las adicciones tienen consecuencias conductuales,
familiares y sociales, pues afectan también los circuitos del aprendizaje, la
memoria, el control de las emociones, la toma de decisiones, entre otros, cita
el doctor Baler. El adicto corre el riesgo de sufrir o infligir a otros, un
daño no intencional o incurrir en violencia o delitos por la influencia de las
drogas o de la abstinencia.
Conclusión:
Dado que las adicciones tienen un origen y un desarrollo
multifactorial, el tratamiento del adicto debe ser enfocado a la persona, su
ambiente y al tipo de sustancia o conducta adictiva, esto es, una terapia
multidimensional que entrene nuevamente al cerebro, ya que la adicción es una
enfermedad de aprendizaje. Y tomar en cuenta que una posible recaída no es un
fracaso del tratamiento sino un indicador de que tiene que repetirse. Sin
embargo, el mejor enfoque ante el problema de las adicciones, sigue y seguirá
siendo la prevención en todos los niveles, personal, familiar, ambiental y de
políticas de salud pública.
Reflexión personal:
Elegí este tema dado el momento social que estamos
viviendo, en donde muchas conductas compulsivas y adicciones que afectan al
individuo, su integridad, familia y entorno, están siendo aceptadas como
“normales” por diferentes grupos sociales, desatendiendo o menospreciando las
consecuencias negativas globales verdaderamente catastróficas a las que
conllevan.
Mi punto de partida es que siendo reconocidas actualmente
las adicciones como enfermedad, es importante la divulgación de este tipo de
información para tratar de concientizar a la sociedad de la necesidad de
tratamiento para el adicto y promover un cambio de enfoque que permita retomar
los estándares psico-sociales correctos para una prosperidad verdaderamente
integral.
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